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El "ADN Basura" nos hizo humanos

Encuentran una secuencia de ADN no codificante que sería la responsable en parte de la capacidad humana de agarrar y manipular objetos o herramientas e incluso de andar erguidos.
Compartimos un alto porcentaje de nuestros genes con los chimpancés, pero es obvio que fisiológica e intelectualmente somos muy distintos a ellos. Ahora unos científicos han encontrado pistas que indican que pequeñas secuencias de ADN son responsables de nuestros miembros y manos.
La secuencia de ADN encontrada es no codificantes. Este ADN no codificante son regiones de ADN que no sirven para fabricar proteínas y que algunas veces se las ha llamado colectivamente “ADN basura”. Quizás muchas de las diferencias entre humanos y chimpances se deban a este tipo de secuencias.
En los últimos años los expertos se han ido dando cuenta de que este “ADN basura” no es tal y que cumple ciertas funciones, como activar o desactivar ciertos genes. Se han encontrado alrededor de 200.000 secuencias de este tipo en los mamíferos y 1000 de ellas parecen ser exclusivamente humanas.
Desde hace tiempo se sospechaba que los cambios en la expresión de los genes contribuían a la evolución humana, pero era muy difícil de estudiar porque las secuencias que controlaban los genes no habían sido identificadas. El control de algunas de esas secuencias se debería al ADN no codificante. Por tanto, el ADN basura no sería tal y contendría miles de secuencias reguladoras que se encargarían de la expresión de genes. La evolución no sólo estaría dirigida por cambios en las secuencias de genes, sino que además dependería de áreas de ADN no codificante.
Se ha podido ver que algunas de estas secuencias no codificantes se han conservado a lo largo de una gran distancia evolutiva y que, por ejemplo, se pueden encontrar tanto en gallinas como en humanos. Ciertos resultados indicaban que estas secuencias conservadas controlaban los genes que afectan el desarrollo humano.
James Noonan de Yale University y sus colaboradores de otras instituciones examinaron las diferencias entre secuencias humanas y las de otros primates e identificaron una que había que ha sido conservada en diversas especies de vertebrados, pero que había evolucionado muy rápidamente, acumulado variaciones en 16 bases desde la divergencia de los humanos y chimpancés hace 6 millones de años. Esta secuencias de ADN no codificante, que podríamos decir que es específicamente humana, se denominada HACSN1.
Una vez identificada esta secuencia lo investigadores la usaron para manipular embriones unicelulares de ratón. Once días y medio después de la inoculación encontraron que se activaron genes en los embriones de ratón haciendo que éstos desarrollaran extremidades de manera similar a la humana. Así por ejemplo, el pulgar y el primer par de dedos se disponían de la misma manera que en la mano humana. Cuando el equipo inyectó a los embriones secuencias similares de chimpancés y macacos la actividad genética (que se ponía de relieve por un color azul inducido artificialmente) fue confinada solamente a la base de los miembros.
Esto sugiere que HACSN1 podría ser uno de los componentes moleculares “puramente humano”. Se cree que HACNS1 puede haber contribuido a la adaptación de los tobillos, pies, pulgares y muñecas humanas. Rasgos anatómicos críticos que nos dieron la ventaja como especie. Esta secuencia sería, por tanto, un contribuidor fundamental a las diferencias morfológicas entre humanos y simios.
No se sabe muy bien cómo HACSN1 afecta el desarrollo de los miembros porque los investigadores no saben qué gen o genes está influenciando. El próximo paso será modificar genéticamente un ratón con con más complementos de este tipo procedentes de humanos. De esto modo intentarán saber si una particular secuencia podría alterar la posición de los dedos, la rotación del pulgar o hacer algo completamente diferente.
Este estudio podría abrir camino a muchos descubrimientos sobre la singularidad de secuencias genéticas específicamente humanas.
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Ingenieria Genetica
Las enfermedades podrian ser el reflejo codificado de un stres psiquico
La biología total aporta una nueva perspectiva de la enfermedad basada en los símbolos
Los trabajos de investigación de Rosalyn Franklin contribuyeron de manera decisiva al descubrimiento de la estructura del ADN, pero sólo muchos años después de su muerte Rosalyn empieza a recuperar el reconocimiento que le arrebató su jefe. Su vida en un mundo de hombres no fue ni mucho menos sencilla. Esta científica murió de cáncer de ovario sin saber que sus descubrimientos formarían parte de los Nobel.
¿Mala suerte? Emmy Noether se considera uno (hombres y mujeres juntos) de los más grandes matemáticos de todos los tiempos, pero por el simple hecho de ser mujer tuvo que superar todo tipo de zancadillas para acceder al puesto que en justicia le correspondía. Noether también murió de un cáncer de ovario. ¿Azar o quizá hay una razón para que estas dos mujeres que sufrieron por su condición de tales desarrollaran una enfermedad tan femenina? “Qué es el azar, sino una realidad desconocida”, escribe Annick de Souzenelle en su libro El simbolismo del cuerpo humano.
¿Podrían las enfermedades ser el reflejo codificado de un estrés psíquico? Muchos aseguran que sí. En algunos países europeos está bastante extendida una forma diferente de comprender la enfermedad. Unos le llaman decodificación biológica, otros biología total.
De forma general se podría denominar simbología de las enfermedades y encierra una idea que ya lanzó Carl G. Jung: “la enfermedad es el esfuerzo que hace la naturaleza para curar al hombre” o dicho de otro modo “no curarás tu enfermedad, será ella la que te cure”.
Síntomas o alfabeto de símbolos
¿Una enfermedad para curar? Sí, los males físicos para curar los dolores del alma. Olivier Soulier, un médico francés especialista en esta terapéutica asegura que “las enfermedades deben comprenderse como la interacción de dos fuerzas ancladas en lo más hondo de la existencia”. Se trata de la biología y el espíritu o si se prefiere, el cerebro y el corazón. Quizá resulte más familiar para la mayoría hablar de somatización, pero la simbología va un poco más lejos.
Los síntomas y los signos de la alteración son las palabras de un alfabeto de símbolos en las que se encierra su causa y también su tratamiento. Algo así como un jeroglífico tras el que se oculta la respuesta para la curación. Cada patología lleva un mensaje muy preciso al que la padece, un mensaje sobre su propia existencia como individuo y como parte de una familia.
Tal vez pueda resultar extraño para muchos, pero al observar con más detalle hasta nuestro propio lenguaje confirma la idea de la simbología. Cuando algo nos disgusta exclamamos “no lo trago” o “no puedo digerirlo”. Se habla de mala bilis o se dice “me repatea el hígado” para referirnos a estados de cólera. Pues bien, todas esas expresiones reflejan exactamente el simbolismo físico de las emociones.
Esta forma de terapéutica es absolutamente individualizada, pero hay algunas reglas más o menos generales. Los trastornos del tracto digestivo tienen mucho que ver con la aceptación de lo que viene del exterior. Los matices dependen absolutamente de la vivencia de cada persona. Pongamos un ejemplo simple. Una mala jugada puede vivirse como algo imposible de tragar o como un asunto difícil de digerir. En el primer caso, se manifestaría como una alteración de la garganta y en el segundo en forma de malestar digestivo, vómitos…
En lo que se refiere al hígado y la bilis, la simbología asocia la cólera y la rabia a la función hepática. Incluso la ciencia experimental está empezando a confirmar lo que predica la biología total. Recientemente se ha encontrado una relación entre la pérdida de masa ósea y la depresión. Simbólicamente la pérdida de hueso está asociada a un sentimiento de desvalorización.
Patologías heredadas y origen cerebral
Precisamente Robert Poskin, el único terapeuta que tiene consulta en España, es un ejemplo de esa relación. “Me diagnosticaron espondiloartritis anquilosante y según la medicina convencional, a mi edad tendría que estar en una silla de ruedas”. Lejos de eso, Robert lleva una vida muy deportista. En este caso, las raíces de la patología se encuentran en una historia de desvalorización de la figura paterna heredada de varias generaciones.
“Mi bisabuelo paterno perdió las piernas y no pudo mantener a su familia. Es el primer ancestro de mi árbol desvalorizado como pilar familiar”. En un bombardeo durante la Segunda Guerra Mundial, murieron el bisabuelo materno y su tío. “Mi abuelo y mi padre sobrevivieron, pero mi abuelo vivió un conflicto de desvalorización por no poder proteger a su familia, su hijo murió”. Quizá algunos se sorprendan, pero para los especialistas en simbología es absolutamente lógico: “comencé a tener crisis insoportables a los 28 años y me diagnosticaron la espondilitis. Acababa de ser padre”.
Muchos terapeutas de simbología llegaron a ella por propia necesidad, porque no encontraron ni solución ni respuestas para sus trastornos en la medicina convencional. Y es que “una enfermedad es siempre una reacción a algo distante que se ha vuelto invisible”, explica Christian Fleche en su libro El cuerpo como herramienta de curación.
Quizá se pregunten dónde está la clave. Pues, la clave está justo encima de los hombros, es el cerebro. Las mismas redes neuronales que nos permiten escribir el más bello de los poemas tienen como propósito ancestral y primigenio la supervivencia. Y al básico instinto de permanecer con vida hay que añadir una sutileza adicional: el cerebro de Sapiens no distingue entre lo real, lo imaginario, lo simbólico o lo construido mentalmente…. Todo es igual de real.
Lógica biológica
Robert utiliza una imagen que ilustra muy bien lo que se oculta en nuestras redes neuronales. “El cerebro automático es el disco duro de un ordenador en el que se han instalado los programas de la supervivencia animal, de la especie y de nuestra genealogía. En el momento que se enciende el ordenador, el nacimiento, hay programas que se ponen en marcha de forma automática. Después están los programas que se abren con un doble clic.”
Éstos se van insertando con las experiencias de la vida, las expectativas que se ponen sobre nosotros, las creencias que vamos acumulando o heredando. El doble clic lo da un acontecimiento vital estresante que despierta todos los anteriores. La enfermedad física es la mejor solución de supervivencia porque disminuye drásticamente el estrés psíquico que de otro modo sería insoportable para nuestro cerebro. Veamos un ejemplo sencillo del funcionamiento del doble clic. La piel es el mayor órgano del organismo, más de dos metros cuadrados de superficie para el interactuar con el exterior. Simboliza pues el contacto.
Cuando un bebé sufre estrés debido a la separación de su madre después del parto es altamente probable que desarrolle un eccema. Ese bebé, cuando más tarde a lo largo de su vida experimente otra situación de separación, real o imaginaria, revivirá inconscientemente el momento en que le separaron de su madre y muy probablemente tendrá un brote de eccema.
Otro ejemplo de la lógica biológica. Cuando una experiencia es difícil de digerir, el cerebro automático que, una vez más, no distingue entre real, imaginario o simbólico manda a las células del estómago el mensaje ‘multiplicaos para que podamos digerir el trozo y tener una posibilidad de vivir'. Y las células comienzan a dividirse. O sea que una posible solución de supervivencia inmediata sería desarrollar un cáncer de estómago. De hecho, se ha comprobado que la mucosa digestiva tumoral es 10 veces más eficaz para digerir que la normal.
Todo esto son conceptos más o menos generales porque la biología total o la decodificación biológica es una forma absolutamente individualizada de concebir una enfermedad y, desde luego, un tipo de terapéutica que da al paciente la oportunidad de diseñar su propia curación. Tomando prestadas las palabras de una escena de la película Matrix, se podría decir que los especialistas en simbología de las enfermedades muestran la puerta, pero es cada individuo quien tiene que abrirla.
Las enfermedades que desarrollan los organismos podrían ser el reflejo codificado de un estrés psíquico personal o heredado de los progenitores, propone una corriente terapéutica conocida como decodificación terapéutica o biología total. Ahondar en el origen simbólico de las enfermedades serviría para curarlas, plantea esta terapia, puesto que es en el cuerpo donde esos problemas salen a la luz. Por tanto, la enfermedad sería una vía de curación más profunda, aunque aparentemente pensemos de ella lo contrario. Por Angela Boto.
Los trabajos de investigación de Rosalyn Franklin contribuyeron de manera decisiva al descubrimiento de la estructura del ADN, pero sólo muchos años después de su muerte Rosalyn empieza a recuperar el reconocimiento que le arrebató su jefe. Su vida en un mundo de hombres no fue ni mucho menos sencilla. Esta científica murió de cáncer de ovario sin saber que sus descubrimientos formarían parte de los Nobel.
¿Mala suerte? Emmy Noether se considera uno (hombres y mujeres juntos) de los más grandes matemáticos de todos los tiempos, pero por el simple hecho de ser mujer tuvo que superar todo tipo de zancadillas para acceder al puesto que en justicia le correspondía. Noether también murió de un cáncer de ovario. ¿Azar o quizá hay una razón para que estas dos mujeres que sufrieron por su condición de tales desarrollaran una enfermedad tan femenina? “Qué es el azar, sino una realidad desconocida”, escribe Annick de Souzenelle en su libro El simbolismo del cuerpo humano.
¿Podrían las enfermedades ser el reflejo codificado de un estrés psíquico? Muchos aseguran que sí. En algunos países europeos está bastante extendida una forma diferente de comprender la enfermedad. Unos le llaman decodificación biológica, otros biología total.
De forma general se podría denominar simbología de las enfermedades y encierra una idea que ya lanzó Carl G. Jung: “la enfermedad es el esfuerzo que hace la naturaleza para curar al hombre” o dicho de otro modo “no curarás tu enfermedad, será ella la que te cure”.
Síntomas o alfabeto de símbolos
¿Una enfermedad para curar? Sí, los males físicos para curar los dolores del alma. Olivier Soulier, un médico francés especialista en esta terapéutica asegura que “las enfermedades deben comprenderse como la interacción de dos fuerzas ancladas en lo más hondo de la existencia”. Se trata de la biología y el espíritu o si se prefiere, el cerebro y el corazón. Quizá resulte más familiar para la mayoría hablar de somatización, pero la simbología va un poco más lejos.
Los síntomas y los signos de la alteración son las palabras de un alfabeto de símbolos en las que se encierra su causa y también su tratamiento. Algo así como un jeroglífico tras el que se oculta la respuesta para la curación. Cada patología lleva un mensaje muy preciso al que la padece, un mensaje sobre su propia existencia como individuo y como parte de una familia.
Tal vez pueda resultar extraño para muchos, pero al observar con más detalle hasta nuestro propio lenguaje confirma la idea de la simbología. Cuando algo nos disgusta exclamamos “no lo trago” o “no puedo digerirlo”. Se habla de mala bilis o se dice “me repatea el hígado” para referirnos a estados de cólera. Pues bien, todas esas expresiones reflejan exactamente el simbolismo físico de las emociones.
Esta forma de terapéutica es absolutamente individualizada, pero hay algunas reglas más o menos generales. Los trastornos del tracto digestivo tienen mucho que ver con la aceptación de lo que viene del exterior. Los matices dependen absolutamente de la vivencia de cada persona. Pongamos un ejemplo simple. Una mala jugada puede vivirse como algo imposible de tragar o como un asunto difícil de digerir. En el primer caso, se manifestaría como una alteración de la garganta y en el segundo en forma de malestar digestivo, vómitos…
En lo que se refiere al hígado y la bilis, la simbología asocia la cólera y la rabia a la función hepática. Incluso la ciencia experimental está empezando a confirmar lo que predica la biología total. Recientemente se ha encontrado una relación entre la pérdida de masa ósea y la depresión. Simbólicamente la pérdida de hueso está asociada a un sentimiento de desvalorización.
Patologías heredadas y origen cerebral
Precisamente Robert Poskin, el único terapeuta que tiene consulta en España, es un ejemplo de esa relación. “Me diagnosticaron espondiloartritis anquilosante y según la medicina convencional, a mi edad tendría que estar en una silla de ruedas”. Lejos de eso, Robert lleva una vida muy deportista. En este caso, las raíces de la patología se encuentran en una historia de desvalorización de la figura paterna heredada de varias generaciones.
“Mi bisabuelo paterno perdió las piernas y no pudo mantener a su familia. Es el primer ancestro de mi árbol desvalorizado como pilar familiar”. En un bombardeo durante la Segunda Guerra Mundial, murieron el bisabuelo materno y su tío. “Mi abuelo y mi padre sobrevivieron, pero mi abuelo vivió un conflicto de desvalorización por no poder proteger a su familia, su hijo murió”. Quizá algunos se sorprendan, pero para los especialistas en simbología es absolutamente lógico: “comencé a tener crisis insoportables a los 28 años y me diagnosticaron la espondilitis. Acababa de ser padre”.
Muchos terapeutas de simbología llegaron a ella por propia necesidad, porque no encontraron ni solución ni respuestas para sus trastornos en la medicina convencional. Y es que “una enfermedad es siempre una reacción a algo distante que se ha vuelto invisible”, explica Christian Fleche en su libro El cuerpo como herramienta de curación.
Quizá se pregunten dónde está la clave. Pues, la clave está justo encima de los hombros, es el cerebro. Las mismas redes neuronales que nos permiten escribir el más bello de los poemas tienen como propósito ancestral y primigenio la supervivencia. Y al básico instinto de permanecer con vida hay que añadir una sutileza adicional: el cerebro de Sapiens no distingue entre lo real, lo imaginario, lo simbólico o lo construido mentalmente…. Todo es igual de real.
Lógica biológica
Robert utiliza una imagen que ilustra muy bien lo que se oculta en nuestras redes neuronales. “El cerebro automático es el disco duro de un ordenador en el que se han instalado los programas de la supervivencia animal, de la especie y de nuestra genealogía. En el momento que se enciende el ordenador, el nacimiento, hay programas que se ponen en marcha de forma automática. Después están los programas que se abren con un doble clic.”
Éstos se van insertando con las experiencias de la vida, las expectativas que se ponen sobre nosotros, las creencias que vamos acumulando o heredando. El doble clic lo da un acontecimiento vital estresante que despierta todos los anteriores. La enfermedad física es la mejor solución de supervivencia porque disminuye drásticamente el estrés psíquico que de otro modo sería insoportable para nuestro cerebro. Veamos un ejemplo sencillo del funcionamiento del doble clic. La piel es el mayor órgano del organismo, más de dos metros cuadrados de superficie para el interactuar con el exterior. Simboliza pues el contacto.
Cuando un bebé sufre estrés debido a la separación de su madre después del parto es altamente probable que desarrolle un eccema. Ese bebé, cuando más tarde a lo largo de su vida experimente otra situación de separación, real o imaginaria, revivirá inconscientemente el momento en que le separaron de su madre y muy probablemente tendrá un brote de eccema.
Otro ejemplo de la lógica biológica. Cuando una experiencia es difícil de digerir, el cerebro automático que, una vez más, no distingue entre real, imaginario o simbólico manda a las células del estómago el mensaje ‘multiplicaos para que podamos digerir el trozo y tener una posibilidad de vivir'. Y las células comienzan a dividirse. O sea que una posible solución de supervivencia inmediata sería desarrollar un cáncer de estómago. De hecho, se ha comprobado que la mucosa digestiva tumoral es 10 veces más eficaz para digerir que la normal.
Todo esto son conceptos más o menos generales porque la biología total o la decodificación biológica es una forma absolutamente individualizada de concebir una enfermedad y, desde luego, un tipo de terapéutica que da al paciente la oportunidad de diseñar su propia curación. Tomando prestadas las palabras de una escena de la película Matrix, se podría decir que los especialistas en simbología de las enfermedades muestran la puerta, pero es cada individuo quien tiene que abrirla.
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